Sorprendentemente, se ha formado una gran polémica por una viñeta de 'Charlie Hebdo'. No es la primera de este año; ya hubo otras con caricaturas como que teorizaba sobre si Aylan se habría convertido en un violador. Este hecho no debería ser noticia ya que, como revista satírica, esa es una de sus funciones: crear revuelo, molestar. Como dice Edu Galán, uno de los fundadores de Revista Mongolia, "para una revista satírica es fundamental faltar al respeto".
La viñeta en cuestión tiene como centro de la broma el terremoto de Amatrice, a cuyas víctimas compara con diversos platos italianos. Automáticamente, los defensores del orden y el buen gusto han puesto el grito en el cielo ante lo ofensivo de la broma y se han cuestionado si hicieron bien apoyando a la revista cuando sufrió los ataques a principios de 2015.
No voy a analizar si es graciosa, oportuna o acertada la caricatura. Creo que es más interesante observar las reacciones de los defensores de la moral y la dignidad para comprobar su sangrante hipocresía. Los mismos que se ponían de foto de perfil en todas sus redes sociales aquello de 'Je suis Charlie' ahora reniegan de haberlo hecho y se preguntan qué es lo que de verdad apoyaron.
Claro, porque nadie sabía que Charlie Hebdo es una revista satírica especialmente ácida y crítica que lleva años haciendo chistes contra todo y todos (más o menos acertados). Muchos diréis que apoyabais la libertad de expresión (los mismos que ahora dudan sobre si no se merecían dicha matanza) pero mentís y lo sabéis.




