Los periodistas siempre hacemos caso a Kapuscinski, un señor que sabía mucho de esto y que decía que no se podía ser un buen profesional de la información si no se era una buena persona previamente. Por eso todos, sin excepción, todos los periodistas son maravillosas personas. Nunca encontrarás en este oficio a nadie que te ponga la zancadilla o que intenté quitarte la silla con modos más propios de un niño de 5 años. Y menos en el periodismo televisivo, donde todos son grandes amigos. ¿O es que no veis lo felices que salen en las fotos todos juntos? Y ya se sabe que las fotografías (y más si se suben a las redes sociales) sólo muestran la realidad.
Porque el periodismo televisivo está lleno de grandes amigos que nunca se apuñalarían entre sí. Sólo hace falta ver las conversaciones entre ellos, en las que nunca pueden faltar palabras bonitas hacia los no presentes. Porque nunca destriparían a nadie, no, los periodistas televisivos no lo harían. Y, además, todos los que se dedican a esto son personas íntegras, con unos valores inamovibles, que luchan por defender la objetividad y la honestidad de esta profesión. Y odian el sensacionalismo, esa es otra de las premisas que cumplen todos los que trabajan en esto. Nunca verás una noticia que sólo busca clics y que está titulada de forma perversa. Eso es imposible. Jamás. Porque el sensacionalismo, afortunadamente, es una cosa de otros, algo extinto en el periodismo televisivo.




