martes, 11 de octubre de 2016

25 años de 'Días de cine', el programa que siempre quiso ser diferente

Por Marcos Andrés
No había nacido cuando empezó a emitirse ‘Días de cine’. Era 1991 y todavía mis padres tardarían dos años en meterme entre sus planes. Por tanto, tampoco vi los primeros años de emisión donde, con ese matiz que ahora podría catalogarse como ‘filtro de los 90s’, se preguntaba a diferentes críticos sobre los últimos estrenos de cartelera.

Mi primer recuerdo se remonta a los primeros años del siglo XXI, en un sofá beis de flores azules y rojas, en donde mi madre cambiaba de canal en medio de la serie de moda para poner La 2 y ver a un hombre de aspecto quijotesco. Durante el enfado que ello provocaba en mi hermano y en mí, el silencio sólo se hacía cuando esa persona, que más tarde conocería como Antonio Gasset, daba paso a publicidad.


Llegó la pausa, ocasión magnífica para meditar si somos justos con los demás o por el contrario, problemas personales proyectan sus miserias y deforman la imagen del prójimo. Hay que tener cuidado, pero no os sintáis culpables, los imbéciles son siempre imbéciles, proyectemos lo que proyectemos”. Esta y otras perlas como la de “durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de mis hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo” hacían del periodista madrileño un auténtico ‘maverick’ de TVE. Un genuino soplo de aire fresco que refrescaba un programa sobre actualidad cinematográfica que, dicho con sus propias palabras, podía llegar a ser “tedioso casi siempre, pero brillante en alguna ocasión”.


Y así fue como hubiese descrito a ‘Días de cine’ durante mi infancia. En ocasiones, en días contados, lograba verlo entero, en otros, en la mayoría, mi atención sólo me acompañaba durante algunos reportajes. Aun así, gracias a los pocos que se salvaron, pude llegar a algunas películas que de otra forma habría tardado tiempo en conocer. Títulos como ‘Cantando bajo la lluvia’, ‘La vida de Brian’ o la ya mítica ‘El jovencito Frankenstein’ protagonizada por el recientemente fallecido Gene Wilder forma parte de mi filmografía gracias al noctámbulo programa de La 2.

El 20 de diciembre de 2007, Gasset se marchó. La culpa fue de un ERE que no entendió que la gente con más edad tiene muchas cosas que aportrar. Un gran vacío del que ni me enteré. Por entonces, como cualquier adolescente, tenía la mente en otras cosas. Volví a engancharme al programa un par de años más tarde, durante el último año de Cayetana Guillén Cuervo, una cara más que reconocible del cine español.

Tras ella, llegó Henar Álvarez, una bloguera que le faltó el carisma y el carácter de sus predecesores. Después de una temporada, en 2014 cogió las riendas su actual presentadora, Elena Sánchez, que aunque mejoró el espacio, ya no pudo devolver ese punto de singularidad que le aportaba Gasset.

A pesar de estos cambios de cromos, no todo ha empeorado durante los últimos años y mucha de la culpa es de Gerardo Sánchez. Director del programa desde 2009, paulatinamente ha modernizado el diseño del programa sin variar un ápice la calidad de sus contenidos. Una transformación que no ha sido fácil, pero que gracias al fiel público que apoya al espacio, que ha culminado con su presencia delante de las cámaras.

En definitiva, ‘Días de cine’ debería ser uno de los buques culturales de TVE, pese al empeño de la Corporación en marear a la audiencia con continuos cambios de hora. Es el argumento hecho programa de por qué debe haber medios de comunicación públicos en España. Y aunque ahora, tal vez como regalo por su veinticinco cumpleaños, ya no es un espacio “dedicado a entretener a víctimas del insomnio y noctámbulos”, sigue siendo aquello que se transmite de padres a hijos.

Marcos Andrés García es un periodista que ha trabajado en Mediaset, Qué, FormulaTV o Marca.

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